Fiesta de San Sebastián
(20 de Enero)


Comenzaremos la descripción de esta Fiesta recordando algo que se publicó en cierta ocasión en un diario de ámbito provincial. El periodista empezaba su artículo de la siguiente manera.:

Desde primeras horas de la mañana, la vetusta población -fuente inagotable de tradiciones charras, que conservan y miman al detalle- se fue vistiendo con las siluetas mágicas de los cofrades de San Sebastián, que arropan sus figuras con las negras y antiquísimas capas españolas y los no menos negros y necesarios sombreros de media ala.

Y es que, efectivamente, esa es una de las características de los festejos. La tradición manda y los estatutos así lo recogen, que los cofrades vayan vestidos con capa y sombrero. El reglamento por el que se rigen data de 1812, año en el que se compilan las reglas existentes con anterioridad. Esta cofradía es seguramente mucho más antigua; no olvidemos que en el pueblo existe una ermita dedicada a dicho santo y que al decir de los entendidos alguna parte de la estructura de dicho edificio es del siglo XVI. El texto de los estatutos se denomina oficialmente “Regla General de hermanos y Constitución de la Cofradía de Nuestro Glorioso Santo San Sebastián” y está escrito en un libro encuadernado, parece ser, en ‘piel de oveja’

Un poco antes de media mañana, los cofrades -en la actualidad unos 35- se reúnen en la Plaza Mayor, frente a la Iglesia Parroquial. A continuación tiene lugar la solemne procesión del Santo por las calles de la villa (Plaza Mayor, calles Caño, Pozo Serrano y Larga) siendo acompañado en este recorrido por mayordomos, cofrades y público en general. Posteriormente se introduce al Santo en la iglesia y se celebra en su honor una solemne Eucaristía.

Es tarea de los mayordomos ofrecer un convite tras los actos religiosos de la mañana, “una colación decente a los cofrades”, como dice el libro de estatutos. Los mayordomos deben mantenerse a la puerta de la estancia como dos maceros, con sus varas. En el interior, los cofrades degustan los dulces típicos de la tierra (‘obleas’, rosquillas, perronillas y ‘repelaos’) acompañado, claro está, del correspondiente vino y los no menos típicos ‘chochos’. En dicha reunión se realizan además las cuentas. del año y se toman los acuerdos pertinentes. Mientras, en una sala contigua, se agasaja a los invitados, pero siempre separados de los cofrades, como manda la tradición.

Aproximadamente a las tres y media los cofrades se van a comer, después de moverse por los bares del pueblo y de bailar al ritmo de la gaita y el tamboril. Por la tarde, de nuevo a cumplir con los actos religiosos y rezar el rosario en la iglesia de San Pedro. Luego, de vuelta, a lucir la capa y el sombrero por las calles de la villa y por los bares, ‘el que no los lleve tiene multa de 1.000 pesetas ‘.

Como parte final del festejo, y siguiendo fielmente las antiguas tradiciones, los cofrades van a sus casas, llenan sus fardeles de productos de la tierra (generalmente jamón, lomo, embutidos y queso) y retornan para compartir con sus compañeros la merienda. Las copas subsiguientes y la vuelta a casa, quizás ya de madrugada, dan fin a esta fiesta tan típica y tradicional de nuestro pueblo.