A orillas de una fuente
A orillas de una fuente
una zagala vi
con el ruido del agua
yo me acerqué hasta allí
y oi una voz que decía
¡ay de mí!, ¡ay de mí!,¡ay de mí!,
y oi una voz que decía
¡ay de mí!, ¡ay de mí!,¡ay de mí!.
Al verla tan solita
le declaré mi intención
ella se quedó turbada
y nada me contestó
yo dije para mi entonces
ya cayó, ya cayó, ya cayó,
yo dije para mi entonces
ya cayó, ya cayó, ya cayó.
Yo me subí a un árbol
y varias flores corté
y en su divino pecho
fui y se las coloqué,
entonces dijo la niña
¡ay señor!, que atrevido es usted,
entonces dijo la niña
¡ay señor!, que atrevido es usted.
La agarré de la mano
y la llevé al café
y en su divino rostro
un beso yo le estampé
y entonces dijo la niña
otros tres, otros tres, otros tres,
y entonces dijo la niña
otros tres, otros tres, otros tres.
Al despedirme de ella
un abrazo me dió
y llorando me dijo
no me abandones por Dios
ya sabes que el amor mío
sólo en ti, sólo en tí se rindió.