El Santo

Así
se conoce en Villavieja a la ermita de San Sebastián. La ermita,
en cuanto tal, ya no existe actualmente. Ya desde finales del siglo XIX no se
celebraba culto en dicho santuario. A partir de entonces, el edificio ha venido
recibiendo diversos usos. En nuestros días, se halla convertido en un taller
metalúrgico.
De lo que fuera ermita, se conserva
todavía parte de la estructura, dotada de contrafuertes, además
de alguna ventana, del siglo XVI. Todo ello, construido en granito. En
la parte exterior del referido edificio, se levantan dos cruces ele piedra;
que se corresponden con dos de las estaciones del Via Crucis que discurre
desde la Iglesia Parroquial hasta la Ermita de Caballeros.
Cuenta la tradición, ya en
su día recogida por el P. Morán, que la campana de la ermita
de San Sebastián, procedía de una derruida iglesia situada
en el paraje denominado Los Casales de la dehesa de Hernandinos, próxima
al término de Villavieja.
Una noche desapareció la
campana de la torre de S. Sebastián, de aquel hueco que parecía
hecho para ella, y que lo ocupaba con orgullo porque ya servía para
algo. Como una campana no se puede ocultar fácilmente, los vecinos
de Villavieja la descubrieron pronto en el campanario de Pedro Álvaro,
pequeño pueblo de las inmediaciones. ¿Cómo había
venido allí la campana?...
“Esta campana es nuestra”, decían
los de Villavieja, y tenemos derecho a tocarla. Pedro Álvaro, el día
de la fiesta, se veía invadido por los garridos y valientes mozos
de Villavieja. que en total eran más que los del pueblo y todos
se creían con derecho a tirar piedras a la campana que consideraban
suya. Los de Pedro Álvaro veían esas piedras como si a cada uno
de ellos le diesen en los ojos, pero callaban porque los de Villavieja
estaban en mayoría abrumadora. La torre tiene dos huecos y una sola
campana. Ellos necesitaban una campana; Villavieja tenía muchas.
Tenían que conservar su campana y la pusieron en el interior de
la torre, sacándola de su hueco natural para preservarla de las
piedras. Así estuvo mucho tiempo la campana, medio escondida, unas
veces contenta, otras veces triste, llorando y riendo, lo mismo que los
hombres..
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